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Los de Ricardo Ballestín no cierran un partido que tenían encarado y se dejan empatar

En el mundo del fútbol pueden darse muchas variantes y se pueden explicar situaciones de distintas formas, pero también hay “verdades” como puños que no tienen mucha discusión. Una de ellas es que los aficionados disfrutan viendo ganar a su equipo e incluso en algunas ocasiones viéndoles jugar bien. El domingo por la mañana en el campo de San Iñigo ni una ni otra.

Partido disputado en una hora poco habitual, las doce de la mañana con la intención de que el clásico de Primera División no restara afluencia de aficionados. Por la mañana o por la tarde prácticamente los mismos aficionados que semana tras semana acuden al campo bilbilitano, quizás un poquito más de afluencia principalmente de jugadores de localidades cercanas que jugaban por la tarde y aprovecharon para ver este partido. Además, la directiva del Calatayud invitaba a un vermú en el descanso a los aficionados que acudieran al partido en otro intento de atraer gente al campo.

El partido comenzó con la intención del Herrera de presionar la salida de balón de los jugadores locales y no dejarles elaborar obligándoles a lanzar balones largos desde atrás en busca de los puntas. Buen trabajo defensivo de los visitantes con un centro del campo que presionó mucho con un incansable Puri y un Calatayud tal y como nos tiene acostumbrados en casa, con pocas ideas, con poca elaboración, sin profundidad y tremendamente espeso.

Con este guión el encuentro fue pasando sin pena ni gloria, con un Calatayud que dominaba sin mucho peligro con Saúl viendo como los balones pasaban de un lado al otro sin poder jugarlos y con pocas, muy pocas ocasiones de gol. Un par de llegadas y pare usted de contar.

Tras el descanso Ricardo Ballestín intentó modificar la situación del partido con dos cambios, quizás obligados puesto que somos pocos y algunos con problemas físicos, algo que tampoco ayuda al buen funcionamiento del grupo. Serrano sustituía a un Gracia tocado y Sabín a otro jugador con problemas físicos, Saúl.

 En este segundo tiempo los cambios parecieron dotar al equipo de más garra e intensidad aunque tampoco transmitieron la seguridad necesaria para hacer valer su superioridad. Pablo Sebastián lo intentaba con más corazón que acierto. A Blasco nadie le surtía de balones. Trincado volvía a situarse en banda donde parece que pierde contacto con el balón. Sabín en el centro del campo intentaba jugar algún balón con criterio pero la falta de confianza del grupo hace que el cuero no circule con comodidad por la zona de creación y esto al final, se termina pagando. Tampoco andamos muy listos en los rechaces que fueron casi siempre para ellos.

Con todas el Calatayud se adelantaba en el marcador en el minuto 61. El portero visitante tocaba el balón con la mano, lo dejaba caer al césped y lo volvía a recoger, libre indirecto marcado por el colegiado del encuentro e Ibáñez que subía el uno a cero al marcador. Con el gol el Calatayud pareció dar un paso hacia delante asentando mejor su juego pero le faltó anotar el segundo tanto y en este segundo tiempo lo pudieron hacer coincidiendo con el mejor momento del partido. Tampoco hay suerte en este bucle en el que se ha metido el equipo presidido por Jaime Navarro.

El Herrera tampoco ponía en dificultades al conjunto bilbilitano posiblemente por que tampoco está para estos menesteres. Seguía agazapado en la retaguardia esperando posiblemente alguna jugada a balón parado.

Y llegó el minuto 80, cuando se produjo una de esas situaciones que molestan y cabrean a cualquier entrenador, y es que con uno a cero en el marcador no es de recibo que te empaten en un contragolpe. El Calatayud perdía un balón en posiciones muy adelantadas y los visitantes en tres toques consiguieron superioridad numérica y batir a Felipe. Desde luego que ganando por tan solo un gol a cero te pueden empatar, pero desde luego también no de una forma tan pueril como el domingo por la mañana.

El Herrera aprovechó el regalo bilbilitano y firmó unas tablas que siguen dejando a la escuadra local con más sombras que luces en esta temporada.

Poco que destacar por el bando local en este encuentro, quizás que Gonzalo entraba en el once titular en el lateral cumpliendo sin que tuviera que trabajar mucho, algún detalle técnico de Sabín, Serrano en el otro lateral y los diez últimos minutos que jugó Diego Pérez tras la lesión que lo ha mantenido apartado de los terrenos de juego. Un jugador muy necesario en el centro del campo para liberar a otros compañeros de tareas más defensivas. Por lo demás, poco, muy poco en un flojo partido del Calatayud.

 

Próximo partido

En la próxima jornada el conjunto bilbilitano volverá a jugar como local recibiendo en esta ocasión al Alcañiz, rival que en estos momentos ocupa la tercera posición con 17 puntos por los 8 con los que cuenta el conjunto del Jalón.